Conservación, la trastienda del Museo

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Las áreas de Conservación y Ciencias Naturales realizan la tarea de cambio de líquidos en los frascos que contienen parte de la colección Biológica del Museo del Fin del Mundo.

Detrás de las exposiciones permanentes y temporarias del Museo del Fin del Mundo, dependiente de la Secretaría de Cultura Provincial, se desarrollan diversas labores tendientes a preservar su patrimonio regional tanto histórico como natural. Actualmente, las áreas de Conservación y Ciencias Naturales, a cargo de las licenciadas Mariam Pousa y María Regina Silva, respectivamente, se encuentran estabilizando la colección Biológica preservada en medio líquido.

El proyecto se lleva a cabo en el laboratorio de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego ya que este presenta la infraestructura necesaria para la intervención de los alrededor de 250 ejemplares que contiene la colección. Se trata de un conjunto de ejemplares, por ejemplo: estrellas de mar, erizos, lagartijas, murciélagos, pulpos; que corresponden a diferentes especies de la región y que fueron, en su mayoría, obtenidos por personal del Museo.

El resguardo de la colección tiene como objetivo que sus componentes permanezcan en buenas condiciones de conservación permitiendo su utilización en exposiciones, muestras temáticas, actividades educativas e investigación. En este sentido, María Regina Silva explicó: “Estos especímenes pueden servir, por ejemplo, para un estudio ecológico. Por eso, cuando uno colecta un espécimen, hay que tomar nota también de todos los datos ecológicos del contexto que sean posibles – lugar, tipo de ambiente, fecha, entre otros– ya que estos registros le dan mayor valor a la muestra”.

En referencia a la conservación Mariam Pousa detalló que “estos ejemplares han sufrido deshidrataciones y fueron químicamente y físicamente alterados: se han encogido, dilatado y perdido su color original”. Es por ello que, para detener o prevenir el proceso de deterioro de la colección se ideó un plan para mantener las condiciones ambientales estables en su espacio de guarda. “Seleccionamos los adecuados contenedores para el uso, exhibición y manipulación, creamos un sistema, y fijamos normas para eventuales contingencias”, refirió Pousa.

Además, el proyecto incluye la capacitación del personal responsable a fin de “reforzar las razones y prácticas de conservación consideradas para esta colección”, señaló la conservadora y agregó: “Todas estas acciones permiten que la colección pueda ser usada, tanto por el área técnica como por actividades de educativas de extensión del Museo sin riesgos para su conservación ni para quien la manipula, que se prevenga el crecimiento de bacterias y moho que dañen los ejemplares, que se conserven las proteínas de los especímenes para su estudio, que no avancen los cambios químicos y físicos en los ejemplares”.

Compartimos algunas imágenes del proceso.