Explorando el canal Beagle: breve crónica de un paseo en catamarán

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Un jueves frío de septiembre partimos desde el puerto de Ushuaia apenas pasado el mediodía. Éramos un gran grupo: alrededor de cien niños y niñas de las escuelas Experimentales Alakalufes y Las Gaviotas junto a sus maestros y maestras; algunos médicos y médicas residentes; integrantes de la Asociación Bahía Encerrada y parte del equipo del Museo. Teníamos un objetivo común: aprender acerca de la fauna marina de nuestra región a través de la propia experiencia. Para ello nos acompañaban Marión Galdames y Natalia Paso Viola, talleristas del Programa de Extensión “Explorando el Museo del Fin del Mundo”.

—Las palomas antárticas son esas aves de color blanco que llegan en esta época para alimentarse y cuando nacen los cachorros de los lobos marinos, se alimentan de su placenta —se escucha decir a Marión micrófono en mano mientras recibe la mirada atenta de varios pequeños ojitos de entre 6 y 13 años.

Pocos minutos más tarde, después de observar a los cormoranes con sus penachos levantados, intentando atraer a las hembras; de conocer a los lobos de un pelo y de haber identificado a la isla Navarino: pasamos muy cerca del Faro Les Éclaireurs. “Muchos lo confunden con el faro del fin del mundo pero no podemos negar que es uno de los faros más australes, y significa en francés los iluminados”, aclaró Galdames.

— Con Marión estuvieron haciendo la parte práctica y mirando con binoculares, pero ahora les voy a contar un poco la parte teórica, porque cuando estamos cerca de las colonias no se puede hablar con micrófono por esto del Compromiso Onashaga que les decíamos… —explica ahora Natalia, haciendo mención al tratado que intenta reducir el impacto propio de la actividad del catamarán, en esta oportunidad junto a la empresa “Canoero”, en los espacios naturales.

Así, continuamos viaje a la pingüinera, momento cúspide de la travesía. Afortunadamente ya habían llegado a la costa algunos pingüinos. Pronto, en solo algunas semanas, serán cientos de ellos atrayendo turistas de todas partes del globo.

— Dentro de estos predadores tope tenemos a los lobos marinos, ¿Es lo mismo estar frente a un lobo marino o a una foca? — continuó la tallerista.

— ¡No!— respondieron los participantes al unísono antes de comenzar a dar sus respectivos puntos de vista.

Una vez en la pingüinera, salir del catamarán fue todo un desafío. Con gorros, guantes y bufandas, los chicos y chicas enfrentaron el viento helado y la nevisca inoportuna para acercarse, aún desde el barco, a estas aves marinas no voladoras que tanta simpatía despiertan.

— Lo más divertido fue que vi un pingüino cuando salió del agua— aseguró Mateo de 11 años, minutos más tarde, mientras completaba una ficha de observación de aves.

El regreso estuvo lleno de bullicio, con algunos libros sobre la fauna local —que habían llevado los maestros— dando vueltas por las mesas. Con más explicaciones de Natalia, que además, pudo mostrar algunas imágenes de apoyo acerca de los predadores tope marinos del canal Beagle, y hacernos escuchar el canto de las ballenas, momento que les interesó muchísimo a Mariano (9 años) y a Joaquín (9 años), quien además quedó sorprendido por el “estilo de sus dientes”.

Cuatro horas luego de la partida ya estábamos acercándonos nuevamente al puerto. Las niñas y niños pudieron hacer numerosas preguntas y compartir lo que ya sabían de cada animal. En este sentido, Kainé, maestra de la escuela Alakalufes, comentó: “Me parece bárbara la propuesta porque es super enriquecedor tener una clase sobre nuestra flora, nuestra fauna, el entorno ya que no hay tanta salida al campo en general”. Jackeline, de Las Gaviotas, coincidió con este planteo al opinar: “Bastante completo el paseo y muy buena la información porque muchas veces los chicos no tienen la posibilidad de ver estos animales. En la escuela podemos hablar sobre ellos pero la verdad que ellos vivan esta experiencia de ver pingüinos que es tan sorprendente… es muy productivo”.

Marión, a su vez, compartió: “Yo estoy bastante acostumbrada a salir al campo con los chicos pero siempre es un placer hacer el taller y que los chicos participen de la forma que lo han hecho. Si bien es una excursión a veces larga, siempre tenemos para mostrar no solamente el tema de la fauna, sino también lo que tiene que ver con la geografía, con la cuestión de límite… que ellos sepan que lo que están navegando es parte de su territorio, de su lugar de pertenencia, esta también es una forma de generar una conciencia de lo que se posee. Que realmente es un bien de todos, que lo tenemos que cuidar”.

En este orden, Natalia Paso Viola, quien coordina el taller “Predadores tope marinos del canal Beagle” destacó “Es una diferencia enorme con el taller tradicional porque a un aula uno lleva material no vivo. El solo el hecho de tener el animal vivo genera un entusiasmo extra a la hora de aprender y el tiempo que conlleva la actividad genera un clima que hace que los chicos puedan preguntar”.

Por su parte, Vicente, Maestro Director de la escuela las Gaviotas agradeció la invitación, “la onda y la disposición de la gente”, y anheló: “Ojalá que podamos seguir participando y que sigan existiendo estos programas para poder disfrutarlos”.

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